El mensaje detrás de la reforma electoral
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3/5/20263 min read


El mensaje detrás de la reforma electoral
La discusión sobre la reforma electoral presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum ha suscitado una pregunta inevitable en el debate público: ¿por qué impulsar una reforma que aparentemente carece de los votos suficientes para aprobarse?
A primera vista, el planteamiento parecería contradictorio. En el Congreso mexicano, cualquier reforma constitucional requiere una mayoría calificada, es decir, el voto favorable de dos terceras partes de los legisladores presentes. En el caso de la Cámara de Diputados, esto equivale a aproximadamente 334 votos de un total de 500 diputados. Ningún partido puede alcanzar por sí solo esa cifra. Incluso existe una limitación constitucional que impide que una sola fuerza política tenga más de 300 diputados, por lo que cualquier proyecto de reforma constitucional necesariamente exige construir alianzas.
Este dato institucional explica por qué, desde 2018, el bloque gobernante se estructuró como una coalición legislativa entre Morena, el Partido Verde Ecologista de México y el Partido del Trabajo. Morena aportaba el voto mayoritario, pero necesitaba aliados para alcanzar la mayoría que permite modificar la Constitución.
Sin embargo, el debate actual sobre la reforma electoral revela que esa coalición no es tan sólida como parecía.
Hay diversas interpretaciones que buscan explicar lo que está ocurriendo. Desde nuestra perspectiva —como también han señalado algunos analistas— la reforma electoral presentada por el gobierno podría no estar pensada necesariamente para aprobarse, sino para enviar una señal política: marcar un punto de inflexión en la relación entre Morena y sus aliados.
Durante los últimos años, la coalición gobernante operó con una lógica particular. Morena concentraba la mayor parte del respaldo ciudadano y, en ciertos distritos electorales, cedía espacios o apoyaba candidaturas del Verde o del PT. De esta manera, estos partidos podían ganar posiciones legislativas que luego se sumaban al bloque oficialista en el Congreso.
La estrategia tenía una lógica clara: ampliar el tamaño de la coalición para alcanzar la mayoría calificada necesaria para reformas constitucionales.
Pero esa misma estrategia produjo un efecto político que hoy resulta evidente: el fortalecimiento de los aliados. Con el tiempo, el Verde y el PT dejaron de ser únicamente partidos acompañantes y comenzaron a consolidar agendas propias, liderazgos regionales y capacidad de negociación dentro del bloque gobernante.
En términos simples, la coalición que permitió construir mayorías también generó nuevos centros de poder.
El caso del Partido Verde es particularmente ilustrativo. En algunos estados, como San Luis Potosí, el partido ha construido estructuras políticas propias y ha tomado decisiones que no necesariamente coinciden con la línea política de Morena. Esto ha generado tensiones dentro del bloque gobernante y ha puesto sobre la mesa una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto Morena quiere seguir fortaleciendo a sus aliados?
La reforma electoral surge entonces en este contexto político.
Más allá de su contenido específico —como los cambios en las listas de representación proporcional o en el financiamiento de los partidos—, el verdadero significado de la iniciativa podría radicar en el mensaje que envía al interior de la coalición. Morena estaría señalando que la etapa de crecimiento conjunto con sus aliados podría estar llegando a su límite.
Si esta interpretación es correcta, estaríamos frente a un cambio estratégico importante. En lugar de seguir alimentando el crecimiento legislativo de partidos aliados, Morena podría adoptar una estrategia distinta: ganar el mayor número posible de distritos por sí mismo, acercarse al límite de 300 diputados y construir mayorías mediante negociaciones políticas más específicas en el Congreso.
Esto implicaría asumir un riesgo evidente. Alcanzar la mayoría calificada sería más difícil, pero también permitiría evitar que los aliados se convirtieran en actores con demasiado poder dentro del bloque gobernante.
En ese sentido, el debate sobre la reforma electoral no se limita a las reglas electorales. Lo que realmente está en juego es el futuro del modelo de coalición que ha dominado la política mexicana desde 2018.
Porque, al final, las reformas electorales cambian las reglas. Pero las alianzas políticas cambian el equilibrio del poder.
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